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| Ilustración de Litoral Gráfico Jorge Alaminos |
Hola. Mi nombre es Alberginio Ruipérez. Soy político. Aunque nací en la aldea de Cualquierlugar,
en realidad no importa de dónde vengo, podría ser de cualquier
ciudad, haber nacido en cualquier pueblo, haber mamado de cualquier familia.
Podría
ser el hijo del panadero de tu pueblo, tu vecino de arriba, la hija del
consejero delegado de tal empresa o el sobrino de ese músico de canción flamenca que
tanto le gusta a tu abuela. Eso es lo de menos. Lo que es importante, en
realidad, es que estoy en política porque es donde quiero estar.
Tengo una clara vocación de servicio público. Soy una
persona juiciosa, un esforzado gestor de los recursos de todos. Mis primeros
pasos en política
fueron guiados por la creencia convencida en una forma de comprender la
sociedad, de entender a este ser tan extraño y errante que se
autodenomina Homo Economicus.
Creía- y lo sigo
haciendo pasados los años- que los recursos del grupo sólo pueden ser administrados
por unas pocas personas, un círculo lo más cerrado posible
de individuos altamente capacitados, orientados al servicio a los demás, con instinto
para el debate y para la consecución de acuerdos provechosos para la
mayoría.
Este tipo de personas entre las que me encuentro, hemos desarrollado una
intuición
especial por el concepto del largoplazismo, es decir, por huir de los
planteamientos electoralistas y centrarnos en aquello que es duradero en el
tiempo, imperecedero en el haber de la sociedad. Como puedes comprobar los políticos velamos por
ti. Somos personas predestinadas a salvaguardar tu bienestar. El de tu mujer,
el de tu marido. Y el de tus hijos. Las pensiones de tus padres, la invalidez
de tu suegra, la educación de tu sobrino, la protección del medioambiente
y el aseguramiento de un trabajo digno, una vivienda aceptable y un país moderno y próspero donde vivir
sea un motivo de alegría. De todo eso es de lo que mis compañeros políticos y yo nos
encargamos. Somos tus ángeles de la guarda.
En este proceso tan fatigoso de
defender tus intereses, los políticos sufrimos mucho. Nos desgastamos
sobremanera en el ejercicio de nuestras funciones. Nuestras familias padecen
nuestra vocación
con resignación.
Existe para nosotros una erosión, un coste personal importante por
defender tus intereses. Tú
nos desgastas. Tus cosas nos desgastan.
Necesitamos un pequeño acicate. Lo que tú nos pagas no es
suficiente.
Imagino que lo comprenderás, los políticos también merecemos
divertirnos un poco, no todo va a ser trabajar, trabajar y más trabajar. Nos
gusta viajar, nos gusta utilizar coches oficiales. Montar convenciones, mítines, acudir a
actos oficiales. Organizar comisiones de todo tipo en la que nos echamos unas
buenas risas. Darnos paseos en coches de lujo, lucir bolsos de marca, trajes de
buen sastre. Manipular bancos y cajas, emisoras de Televisión, empresas de
reciclado de basuras, o empresas de aguas. Facilitar la comisión de EREs sin fundamento y
prejubilaciones a nuestra gente sin motivo legal para ello. Nos encanta comer
bien, y mucho. Vaya, que disfrutar un poco de la vida no debería estar prohibido a
nadie, ¿no?.
También
nos gusta mucho el poder y su erótica. Tú probablemente no
entiendas esta afición porque nunca reunirás la cantidad de
poder necesaria para disfrutarla. Esa sensación de encaramarte a
la silla de mando, cuyo asiento sobresale en las alturas, rodeado de las altas
nubes, con los pies colgando del vacío y la mirada del águila controlando
al electorado, que no se descarríe. Legislar para controlar. Para
aplastar al disidente. Disfrutar como enanos del gozo que produce la sensación regeneradora de
aquel que ostenta el poder y lo administra a su antojo. Visto lo visto, imagino
comprenderás
que es lícito
de cuando en cuando tomarnos con cierta ligereza esta pesada carga con la que
tu voto castiga nuestra espalda, ¿verdad?. Tú también lo harías, estoy seguro.
Por que tú y
yo somos, en esencia, lo mismo.
A ambos nos gusta el dinero.
Jugar con él.
Convertirlo en
un instrumento.
Una herramienta con la que pagamos a nuestros amigos por ser
nuestros amigos, a nuestros enemigos por ser nuestros enemigos, a socios
empresariales por lo curiosamente bien que compiten en las licitaciones, a
compañeros
de partido o adversarios en el salón de plenos por mantener ese precario
equilibrio de silencios cuya sintaxis te viene explicada en el reverso del
carnet del partido. En sobres a veces, a fajos en otras ocasiones, bolsos,
trajes, viajes a Disneyland o Jaguars, todo es lícito para el justo
pago de favores a espaldas de una sociedad ignorante que no entiende de estas
cosas, que no comprende la soledad de la cumbre. Bastante tenéis con lo vuestro.
Con llegar a fin de mes, con sobrevivir a base de mendigar, sin trabajo ni
posibilidad de conseguirlo. Con el único acicate de La Roja, que en eso
del fútbol
sí que
somos punteros. Continuad, continuad entonando el Yo soy, español, español, español, mientras
nosotros hacemos lo nuestro y mientras muchos de esos esforzados deportistas a
los que vosotros adoráis se llevan sus fortunas personales a
tributar a paraísos
fiscales y os dejan a ti y al principio de solidaridad fiscal con el culo al
aire. Seguid cantando, que voy a tirar una bolsa de confeti de esas que valen a
quinientos y pico Euros la unidad.
Pero el corrupto no soy yo, ¿sabes?. Tú eres el que
traicionas con tu inacción los principios básicos de la
democracia. Yo aprovecho las oportunidades, como tú también harías en mi situación. Tú eres el problema. Tú eres el que me lo
permites. El corrupto eres tú.


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